La tarde en sus ojos, de mi nuevo espectáculo La soledad de los muertos, cuento dedicado a Gloria Rodríguez, comediante mexicana




"No había nada mas en sus ojos que una tarde gris, lluviosa, solitaria, espantada por los aguaceros de la nostalgia, abatida por la tristeza, su inseparable compañera, desde siempre, desde e día en que se supo mujer, desde su primer reclamo de amor, desde su primera tristeza, desde antes de nacer, desde antes de todos sus muertos, desde el día en que vio por primera vez un atardecer terracota, desde la noche en que sintió la brisa del mar su cuerpo abandonado a los desvaríos del desamor.

Se dio cuenta que la vida era un cumulo de tristezas, que se arrastraban desde el momento de nacer hasta el momento mismo de morir, porque al morir todo se queda en esta tierra, la rutina de los días, el insoportable ruido de los pájaros al cantar, las angustia que arrastra la vejez, el aliento a desolación de las mañanas, los espejos, los zapatos, los vestidos amarillos, las nubes grises, las tardes de lluvia, la desesperación de los domingos, el espanto del amor, el aroma inaguantable de las flores, las palabras vacías que rompen con la tranquilidad de algún silencio, los abrazos rotos, los besos fríos, las caricias pálidas, las cicatrices eternas que no dejaron de doler, la triste compañía de sus muertos, la luna llena que le recordaba seguía viva a pesar de creerse ya sin alma. Se miró al espejo, descubrió de nuevo su figura, su cuerpo abatido por los viejos amores, descubrió la huella de una sonrisa que alguna vez se dibujo en su rostro, y ahora, en lugar de ella, había un tristeza tan profunda en su rostro que llego a pensar que la felicidad era una historia antigua narrada por viejos contadores de historias para avergonzar a los adultos y espantar sus malos espíritus; entonces tomo un poco de aire, y mirando su reflejo en el espejo le pregunto: ¿y acá quién de las dos es la que esta muerta?”

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